viernes, 26 de junio de 2009

Solo de Violonchelo


Tengo veintitrés programas de concierto, ordenados en orden cronológico, guardados como tesoros, desde el primero, la primera vez que lo vi, la primera vez que me vio, la primera vez que escuché su dulce voz tañida con arco y chelo, hasta la vez que me despedí en silencio porque jamás volvió. Tengo veintitrés programas de concierto, conciertos que me gocé hasta el aplauso final, ese aplauso que quería hacer interminable para que apareciera su figura sosteniendo su hermoso chelo, tan hermoso como él. Aplauso que quería y hacía interminable para escucharlo nuevamente, porque confieso en esta líneas, que lo escuchaba sólo a él no más que a él a pesar del millón de notas alrededor, lo escuchaba a él y sólo a él, sus notas acariciaban, mientras yo le respondía con aplausos, juntando mis manos queriendo que él me escuchara a mí, sólo a mí, así como yo lo hacía con el violonchelista, resaltaba para mí a pesar de la orquesta que lo acompañaba. El chelista era la pieza fundamental, siempre lo fue, siempre cada sábado, cuatro de la tarde, entraba con la esperanza de verlo, y lo hacía, y tocaba para mí, y yo aplaudía para él. Sería muy ridículo y hasta patético decir que me enamoré, pero llegué a sentir algo raro por el chelista, por sus notas, por sus pizzicattos, por sus equivocaciones, por su sonrisa mientras tocaba. quería ser por un momento el chelo, y sentirlo tan mío, sentirme tan suyo, tener por un instante una relación armoniosa, perfecta, músico e instrumento, qué quiere más un músico que su instrumento (?), y yo sería ese, veintitrés veces ese instrumento, no más, y creo que hasta lo fui. La lluvia siempre caía afuera, cada sábado, veintitrés sábados, y yo asistía, escuchaba, aplaudía y me gustaba, me fascinaba, me deleitaba en mi asiento viéndolo, cerca, muy cerca, lo sentía, lo escuchaba, lo adoraba, como hombre, como músico, como chelista. Afortunadamente jamás lo volví a ver, quedé enamorado del chelo, más no tontamente del violonchelista...


2 comentarios:

  1. Hola, gracias por el link del cello, reviví mis tiempos de visita asidua al León de Greiff.
    De hecho reviviste mis deseos de ir.

    Bien por ti, que entendiste lo que la vida te quería decir "Agarre el mensaje y suelte la paloma." un abrazo

    Quike

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  2. Hola,

    Aunque amor de lejos amor de (ya sabemos que); es hermoso sentirlo y sentirse de esa manera.

    Saludos,

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