jueves, 23 de julio de 2009

Hello Sailor!!!


Él era mucho más bajito que yo, con un bonito cuerpo, unos ojos de ensueño y unas manos preciosas, y lo amé con locura durante largos cinco años.

Todo comenzó cuando sus papás lo iban a sacar del colegio, porque "le estaban exigiendo mucho al niño", y yo cometí una de esas mariconadas mías que usualmente cometo, y le escribí el último día de colegio ese año, en una hoja suelta con tinta azul y la mejor de las caligrafías, que se quedara, que me iba a hacer mucha falta. No volví a verlo hasta el año siguiente, el primer día de clases sentía los pies pesados al acercarme cada vez más a la puerta del salón, si lo veía, ¿qué le decía?, ¿qué hacía?, ¿y si no lo veía?, ¿si se había ido en serio?, ¿y si le había dicho a todos que yo era un mariconazo muy marica? . Llegué y estaba ahí, mirándome con esos ojos grandotes que tenía, y con una sonrisa socarrona dibujada en sus deseables labios. Hasta la hora del almuerzo me habló y me dijo: "Tranquilo, no le voy a decir a nadie". Y así hizo, nunca dijo nada.

Cada vez más me acerqué a él, nos hicimos muy buenos amigos, curiosa y extrañamente en ese momento no sabía que los muchachos eran lo mío, pero en mí creció un sentimiento extraño que cada día me quemaba más y más las entrañas, y cada vez que surgía retumbándome y cuestionándome, disfrazaba dicho sentimiento con los nombres de admiración, orgullo, amistad, cariño, porque yo, un machito costeño de trece años no podía sucumbir en los brazos de un varón enano de 1.56 mt de estatura... pero redondito caí. Supongo que como todos los que han de leer esto, no fue fácil saberse marica, por lo menos al principio, y sentir que lo que sentía por ese homúnculo era mucho más que admiración. En clases miradas iban y venían, miradas que un macho costeño no le profiere a un par, miradas que iban y venían tejiendo historias de amor y calenturas nocturnas en mi cabezota, y que hacían que este ser que estaba untado hasta el cuello, terminara por hundir su cabeza...

Yo, paranoico (e iluso) por naturaleza, tejía historias de amor en las que me iba con él happily ever after. Nos hicimos excelentes amigos, los mejores, par de mocos a todos lados, y lo que inicialmente era admiración terminó en una pasión absurda que me tragaba yo solo en silencio, disfrutaba de su olor, su perfume, su roce cuando se nos daba por jugarnos a los puños y terminabamos revolcándonos en el suelo, yo feliz...

En clases, siempre estábamos lejos el uno del otro, pero él me acercaba con su mirada, desde el otro extremo del salón, me miraba y yo casi siempre atento, a veces miraba hacia donde estaba y me encontraba con esos ojos grandototes, y unas mejillas que se sonrojaban, y por dentro yo feliz. Se me ocurrió un día cometer una mariconada muy maricona, escribirle con buena caligrafía y ortografía una carta, en la que le decía que "lo quería mucho", a lo que él respondió "yo también", y no fue sólo esa, porque tuvimos una decente relación epistolar, además.

Regalos van, regalos vienen, y yo con muchas ganas de un beso, un beso que habría de saber a gloria.

Los años corrían, y los niveles hormonales crecían, y nos volvíamos más hombrecitos, y la voz cambiaba, las espaldas se ancharon, crecieron las piernas, y él se consiguió una novia, y muchas se volvían locas por él..., yo ya estaba loco por ese tal. Su novia me dio cuarenta y dos puñaladas al corazón, y él tres más. Me dolío, y lloraba escuchando canciones tontas, y me deprimía, y lloraba y lloraba. Sus miradas persistían, las cartas también, y mi sentimiento también.

El tiempo corrió, y antes de despedirnos para siempre fui a una fiesta de cumpleaños en la que nos emborrachamos hasta la náusea y él en camiseta, y boxers negros, ebrio, me abrazó, me dijo que me quería mucho, me dio un beso en la mejilla (dos, de hecho) y se durmió.

Una vez lo vi desnudo, me reservo los detalles...

Recuerdo con nostalgia el día en que me fuí para siempre de mi ciudad natal, fuia despedirme de él, me acompañó hasta la parada del bus, caminamos juntos, yo silente, el tarareando "Si tu te vas" de Juan Luis Guerra, luego me dijo que nos escondiéramos para darme un abrazo de adiós, recuerdo también que una noche en su casa, puso "Voy a Vos" Vilma Palma porque me gustaba esa canción, y ahora me gusta más.

Recuerdo con nostalgia esos días de mi inocencia infinita en que confiaba, y creía, y amaba con locura, a mi primer amor, mi amor de colegio.

Creció hasta los 1.59 mt, se fue a la Marina, y nunca más volví a saber de él, nunca más supo de mí, tampoco supo, hasta ahora, que lo amé como a nadie, que en sueños lo recuerdo, vuelve, y me da ese beso infinito lleno de amor que tanto anhelé, y mucho menos sabe que todavía hay resquicios de los sentimientos albergados, no por el actual sino por ese muchacho lindo de ojos grandototes, de 1.56 cm, mi mejor amigo del colegio, al que tanto, tantísimo amé (y que supongo, que también me amó)

P.S. Mientras él me decía "Si tu te vas ya no me queda nada, si tu te vas mi corazón se morirá" yo le decía "Estoy en tus manos no quiero salir, te pido que aprietes me vas a sentir"...

domingo, 12 de julio de 2009

In Memoriam


FUNERAL BLUES


Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos
y con ese tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo el mensaje...
él ha muerto.


Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro


Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo
y mi domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción


Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.


No precisamos estrellas ahora...
Apáguenlas todas
Envuelvan la luna
desarmen el sol

Desagüen el océano
y talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá.


W. H. AUDEN (Fotografía)


A la memoria de E.M. y N.N...