domingo, 11 de octubre de 2009

Hector II

El tiempo pasó entre cosas buenas y malas, como en toda relación, no niego que fui feliz (aunque con muy poco amor :P), y la vida me fue enseñando poco a poco, cómo era eso que llaman relaciones, que hay peleas, que hay discrepancias, que hay celos, que hay de todo un poco..., lo bonito, lo maluco, lo idílico, y lo triste.

El tiempo pasó, y nos tocó inevitablemente llegar al año más cruel de la carrera, de toda carrera, el último, en el caso nuestro el Internado, yo me quería ir con él, el decía que también se quería ir conmigo. Las plazas de internado las sortean según los promedios de cada estudiante, él tenía mejor promedio que el mío y fácilmente podía irse a cualquier parte, no es difícil concluir que los copiones y los cerebritos del semestre escogían las mejores plazas, entonces fue un complique cuadrar pero evitando detalles, quedamos juntos en lo más recóndito de la selva, Florencia Caquetá.

El internado es un asco, para aquellos que tengan amigos o conocidos médicos sabrán a qué me refiero, horas largas, días pésimos, regaños, somos de lo peorcito en los hospitales, para todos incluso para las enfermeras olemos maluco y no sabemos nada, al fin y al cabo no nos hemos graduado, según ellos, "es la oportunidad perfecta para hacer comer mierda a quien nos hará comer mierda después", parafraseando el personal de enfermería. Hicimos de las nuestras y compartimos una habitación gigante con baño y bastante privada, soñé por un momento que sería chévere compartir con la persona que amaba, pero no sabía qué tan equivocado estaba.

La convivencia, ah! la convivencia..., todo se tornó de un color tan bonito a ser una completa desgracia, el desorden suyo, que junto con el mío, se volvió un caos...

El comienzo del final fue una petición de su parte: un computador, el cual yo compré, después de comprarlo, parecía que algo hacía falta, (por favor!), y conseguí internet móvil que en esas pretéritas épocas era bastante costoso, pero todo por ese amor estúpido que me cegaba.

A él le dieron vacaciones, y casi un mes estuvo descansando, se fue un viernes si mal no estoy en medio de una pelea de proporciones épicas, yo me quedé en la selva, y él se fue a Bogotá, hablamos poco durante esos 23 días, pero cuando volvió me trajo muchos presentes, cosa que me extrañó sobremanera dado que en los 2 años y medio que llevábamos para entonces muy rara vez me había regalado un supercoco.

Un día cualquiera el computador se dañó y me di a la tarea de buscarle solución al problema dado que era un asunto de configuración, encontré sin siquiera proponérmelo que el msn tiene un registro, un pequeño registro en el que aparece la hora, la fecha de las conexiones, y hasta cifrado, la cantidad de contactos que se tienen agregados. Hasta ahí todo bien, pero encontré que aparte de mi cuenta, de la suya, de la de Carlos (un amigo gay de Neiva) había una cuenta más. Le pregunté a Carlos si era de él, pero era ilógico, dado que la cuenta era xxxbogotáxxx@hotmail.com, me lo sospechaba, no era de él, no era mía, y el tercero implicado, era él, mi novio, mi amorzote que me trajo presentes una mañana de abril desde su natal Bogotá.


5 comentarios:

  1. Terminada la etapa del ididio inicial va comenzando el camino azaroso de la convivencia y el verdadero conocimiento del otro.

    Esto se va poniendo interesante.

    Saludos,

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  2. Es muy curioso el ver como una etapa tan tormnetosa de tu vida resulta de mucho interes para quienes la leemos!!

    Saludos,

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  3. Aunque no lo creas pronto superaras este episodio , el cual parece te dejo mucho aprendizaje. Saludos!

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  4. Uy!, esto está mejor que lo mío... los cuernos son material de primera en estas historias, espero que ahora te puedas reir de la historia, aunque si, lo dijiste, a veces te pone triste... pero nada más alentador que mirarse las cicatrices con dignidad, ¿no?

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  5. El camino es duro...y mas si te estan mintiendo...go ahead.

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